Directivo comparando valores escritos con prácticas reales en un tablero de trabajo

Hablar de valores es fácil. Sostenerlos en la práctica del día a día, no tanto. Como seres y como grupos, afirmamos principios, declaramos intenciones y creamos discursos. Pero, ¿realmente hacemos lo que decimos? ¿Es posible saberlo y medirlo? Creemos que sí. Para lograrlo, proponemos métodos, ejemplos y preguntas que abren caminos hacia una vida más auténtica y organizaciones más confiables.

¿Por qué la coherencia importa tanto?

Quienes hemos trabajado en distintas culturas organizacionales sabemos que la diferencia entre un ambiente sano y uno tenso a menudo radica en un factor sencillo: la coherencia. Cuando existe, el ambiente se percibe seguro. Cuando falta, todo se resiente. La coherencia entre valores y prácticas reales es el pegamento invisible que sostiene relaciones, culturas y resultados sostenibles.

En la vida organizacional, esta coherencia refuerza la confianza interna y externa, guía las decisiones difíciles y protege la reputación colectiva. Lo mismo sucede a nivel personal: cuando nuestros valores y acciones se alinean, experimentamos mayor bienestar, claridad y sentido.

¿Se pueden medir los valores?

Al principio, podría parecer que los valores son puramente intangibles. Pero si miramos con atención, dejan pistas. Se manifiestan en el clima laboral, en la forma de resolver conflictos, en la toma de decisiones y, por supuesto, en los resultados.

“Decimos lo que somos, pero mostramos lo que realmente creemos.”

Para medir esta alineación, nos enfocamos en observar coincidencias y brechas entre el discurso y el comportamiento real. La pregunta clave es: ¿Qué sucede cuando nadie está mirando o cuando las exigencias son altas?

Nuestro enfoque para medir la coherencia

Existen varias maneras de observar y medir el grado de coherencia entre los valores declarados y las prácticas cotidianas. En nuestra experiencia, los siguientes pasos han aportado resultados claros en organizaciones y equipos:

  1. Definir con claridad los valores: Necesitamos identificar qué principios declaramos en la misión, visión o código ético. Recomendamos limitarlos sólo a los que realmente queremos que guíen nuestras acciones. Si escribimos “honestidad”, “respeto”, “bienestar humano” o “transparencia”, conviene revisarlos periódicamente y asegurarnos de que sean entendidos por todos. Las palabras vacías no suman.
  2. Describir comportamientos concretos: Por cada valor declarado, sugerimos asociar ejemplos muy claros de conductas esperadas y no permitidas. Por ejemplo, para el valor “respeto”, ¿qué significa en el trato entre colegas, en reuniones, o bajo presión? Sin estos ejemplos, los valores se interpretan de manera subjetiva.
  3. Observar y registrar hechos: Evaluamos la coherencia observando situaciones reales: cómo se reconoce a las personas, cómo se gestiona el error, cómo se abordan los conflictos y cómo se premian o sancionan las conductas. Los hechos concretos son más fiables que las palabras.
  4. Escuchar a distintos actores: Es clave escuchar a todas las voces: líderes, colaboradores, clientes y usuarios. A veces, quienes menos poder tienen ofrecen la visión más honesta sobre la coherencia real.
  5. Aplicar herramientas de autoevaluación y feedback anónimo: Encuestas anónimas, entrevistas, sesiones de retroalimentación grupal o tableros de incidentes son útiles para recabar percepciones honestas y detectar patrones ocultos.

Indicadores prácticos para evaluar coherencia

¿Qué señales nos muestran si realmente existe coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos?

  • Consistencia en decisiones difíciles: Cuando sostener el valor que declaramos implica pérdidas o conflictos y aún así elegimos mantenerlo. Por ejemplo: renunciar a una oportunidad financiera si significa romper un principio ético.
  • Reacciones ante el error: Las organizaciones y personas coherentes aprovechan los errores para aprender, no para castigar o buscar culpables. Según nuestra experiencia, aquí se revelan los valores reales.
  • Feedback horizontal: Si existe la posibilidad real de expresar desacuerdo sin temor a represalias, es un claro indicador de coherencia cultural.
  • Retribuciones y reconocimientos: Cuando las recompensas se otorgan en función de valores, no solo de resultados, la coherencia se fortalece. Eso demuestra qué se considera realmente valioso.
  • Gestión de crisis o presión: Bajo presión, los valores centrales suelen salir a la luz. Medir decisiones y reacciones en esos contextos da información clave.
Equipo reunido conversando sobre valores y comportamientos internos

Herramientas objetivas que podemos poner en práctica

Hay instrumentos que, aunque sencillos, bien aplicados, aportan luz sobre nuestra coherencia:

  • Mapas de incidentes críticos: registrar situaciones emblemáticas donde se puso a prueba un valor, anotando qué ocurrió, sin juicios, sólo hechos.
  • Encuestas de clima ético: preguntas concretas sobre percepción de coherencia entre discurso y acción.
  • Rondas de reflexión: espacios periódicos donde los equipos conversan abiertamente sobre casos y dilemas concretos.
  • Análisis de casos reales: recopilar y discutir situaciones donde se percibió (o no) alineación entre valores y acciones.
  • Autoevaluaciones individuales y colectivas: instrumentos en los que nos preguntamos sinceramente: “¿en qué momentos me desvié de lo que digo que valoro?”

En nuestra experiencia, combinar estas herramientas enriquecen el proceso y favorecen una mirada honesta y colectiva. El sostenimiento de la coherencia es siempre dinámico, nunca un estado fijo.

Manos unidas formando una red de confianza sobre mesa clara

Superar las brechas: del diagnóstico a la acción

Nadie es perfectamente coherente todo el tiempo. Detectar brechas no significa fracaso; es parte del camino. Cuando identificamos diferencias entre lo que decimos y lo que hacemos, ganamos una oportunidad para corregir, crecer y fortalecer lo que queremos ser.

  • Buscar causas y no solo síntomas: Muchas veces la incoherencia surge de presiones externas, reglas no explícitas o hasta del desconocimiento de los propios valores.
  • Revisar y ajustar procesos: Cambiar rutinas, espacios de reconocimiento o políticas puede ayudar a alinear mejor lo declarado y lo que sucede.
  • Formar en habilidades relacionales: Escucha, empatía y habilidades de comunicación son clave para gestionar las incongruencias sin generar rechazos o miedos.
  • Practicar la autocrítica y la mejora continua: Fomentar la revisión regular de nuestras prácticas permite evitar autoengaños.
“La coherencia inspira confianza. Sin confianza, no hay equipo, ni propósito, ni futuro.”

Conclusión

Medir la coherencia entre valores y prácticas reales no es un ejercicio estático ni una meta final, sino un acto permanente de atención y honestidad. Cada paso hacia una mayor alineación entre lo que decimos y hacemos fortalece tanto nuestro sentido de propósito como el impacto positivo en quienes nos rodean. Las verdaderas culturas sólidas no se construyen sobre discursos, sino sobre consistencia cotidiana, sobre pequeños gestos que demuestran, una y otra vez, que nuestros valores son guía de nuestras acciones.

Preguntas frecuentes sobre coherencia entre valores y prácticas reales

¿Qué es la coherencia entre valores y prácticas?

La coherencia entre valores y prácticas significa que nuestras acciones cotidianas reflejan lo que declaramos como principios o creencias. Es la alineación entre lo que decimos y lo que realmente hacemos, tanto a nivel individual como grupal.

¿Cómo medir si mis valores y acciones coinciden?

Para medir la coincidencia entre valores y acciones sugerimos observar situaciones reales, escuchar retroalimentación de otras personas, y comparar comportamientos con los principios declarados. Herramientas como encuestas anónimas, análisis de incidentes y autoevaluaciones ayudan mucho en este proceso.

¿Por qué es importante alinear valores y práctica?

Alinear valores y práctica crea ambientes de confianza y respeto, fortalece relaciones y ayuda a tomar decisiones congruentes incluso en momentos difíciles. Además, evita el desgaste emocional y la pérdida de credibilidad.

¿Qué herramientas ayudan a evaluar la coherencia?

Algunas herramientas útiles son: encuestas de clima ético, mapas de incidentes críticos, rondas de retroalimentación grupal y análisis de casos reales. También recomendamos sesiones de reflexión periódicas y autoevaluaciones colectivas.

¿Cómo mejorar la coherencia entre decir y hacer?

Mejorar la coherencia es posible practicando la autoobservación, escuchando a otros, revisando procesos y fomentando una cultura de transparencia y aprendizaje. Detectar brechas debe verse como una oportunidad de crecimiento personal y grupal.

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Equipo Meditación para el Alma

Sobre el Autor

Equipo Meditación para el Alma

El autor de Meditación para el Alma es un apasionado explorador de la conciencia humana y su impacto en la cultura, el liderazgo y la ética organizacional. Se interesa profundamente en la intersección entre la madurez emocional, la responsabilidad sistémica y el desarrollo sostenible, y usa este espacio para analizar cómo estos factores pueden transformar organizaciones y sociedades. Su misión es inspirar un nuevo modelo económico basado en el liderazgo consciente y el valor humano.

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